Durante años trabajé en una empresa donde sentía que no encajaba, agotada y desconectada… Mi cuerpo empezó a hablar: me enfermé.
Un médico me lo dijo con claridad: “Si no te vas de ahí, esto puede volverse mucho más grave”.
Fue entonces cuando empecé a descubrir que no solo era el trabajo lo que me estaba consumiendo… sino las heridas emocionales que arrastraba desde hacía mucho tiempo y que se despertaron en ese momento.
Patrones, exigencias, mandatos familiares… Todo eso seguía tomando decisiones por mí.
Y ahí empezó mi verdadera transformación.
Hoy, después de acompañar a decenas de mujeres en su camino de sanación, sé que esa incomodidad que sientes no es casualidad.
Es una señal. Y puede ser el inicio de tu cambio más profundo.
Hoy, después de 9 años ayudando a personas a superar sus crisis vitales y reinventarse profesionalmente, puedo decirte algo con total certeza: esa crisis que estás viviendo no tiene que ser el final, puede ser el principio de tu transformación.